“Ya no se puede hacer nada”. En infinidad de ocasiones hemos escuchado esta frase en películas. Está grabada en nuestro aprendizaje social que, cuando no se puede curar a un paciente, “ya no se puede hacer nada”. Aunque puede costar de entender, es una falacia. Aun no pudiendo asegurar la curación de una persona, se puede seguir haciendo mucho. Se puede acompañar a esta persona y a sus cuidadores en este proceso de enfermedad y ayudarles a expresar y cumplir sus últimas voluntades. Se puede ayudar a controlar los síntomas tanto físicos cómo emocionales, etc.
Acompañar a una persona en los estadios más avanzados de una enfermedad, es un derecho del paciente y una necesidad. Igual que hay que saber vivir bien, hay que ayudar a morir bien. Este es uno de los arduos trabajos de las unidades de cuidados paliativos.
¿Pero es el único? No. Segundo mito: los cuidados paliativos solo atienden al paciente en situación de final de vida. Tampoco. Lo tenemos grabado a fuego en nuestra mente, pero no es así. Los equipos de cuidados paliativos ofrecen y proporcionan sus servicios en cualquier etapa de una enfermedad grave para aliviar el sufrimiento, tanto físico como emocional o espiritual.
Así que, aunque toda esta atención se brinda desde las unidades de cuidados paliativos, diferenciaremos el acompañamiento a personas en la etapa más final de la vida, de la atención precoz proporcionada por los profesionales de cuidados paliativos durante el transcurso de la enfermedad, incluso desde el diagnóstico




